Arquitectura y felicidad.

Hagamos el siguiente ejercicio sin mayor preámbulo:

Imagine (por favor imagine bien) que, dentro de su propia casa, remueve por un rato todos los muebles de su sala, y despliega como cuando niño una sábana grande atirantada por algunas cuerdas amarradas a donde se pueda, a manera de tienda de campaña.

Habiéndose garantizado un espacio improvisadamente techado y contenido, retáquelo de cojines y almohadas, ingrese también -con toda precaución- una decena de veladoras encendidas, incorpore al lugar un par de vasos, tazas o copas con su bebida favorita y un sencillo bocadillo de ingredientes predilectos.

Entonces simulemos que ya es de noche. Entonces apague la luz artificial y aposentese en el sitio —preferentemente en compañía de alguien especial- a cenar y a conversar.

Ahora bien. Abra los ojos y cambie la ruta de la imaginación. Respire con calma, vuelva a cerrarlos y tome en su mente solamente la cena, las bebidas y de la mano a la persona de su previa elección, y llévelos al camellón central de una transitada, caótica y ruidosa avenida. Intente entonces reanudar la cena y la charla.

No es lo mismo, y nunca será lo mismo.

Ya bien intuye hacia dónde me dirijo con este ejercicio. Todo el anterior despliegue pretende ejemplificar cómo un ambiente físico como lo es el espacio, tanto en sus cualidades intangibles como en sus límites materiales tienen una influencia directa y contundente sobre nuestros estados mentales y -por qué no decirlo- espirituales.


La industria de la felicidad es hoy en día una de las más redituables monetariamente, por la clara y sencilla razón de que todos los seres humanos la perseguimos a causa de una fuerte presión social por poseerla y demostrarla a cada instante.

Sin embargo, más allá de fórmulas, bestsellers, teorías terapéuticas de sobreestimulación positivista y muchas tantas opciones del menú que garantizan llevarnos a la plenitud de manera inmediata (inmediatista, diría yo), la arquitectura por sí misma ha resultado desde siempre un factor honesto, sencillo y fundamental para la mejora del estado interior personal en cualquier situación de la compleja experiencia humana, por más cotidiana que esta sea.

¿Necesita usted encontrar bocanadas genuinas de felicidad en su vida cotidiana?

Llame a un buen arquitecto.

Alberto Sánchez López / Arquitecto & Partner STVX


De Millennials y vivienda.

De la generación Millennial conocemos muchas cosas, porque muchas cosas ya se han dicho. Sabemos que nacieron entre 1980 y 1995 aproximadamente, y que por lo tanto los más prototípicos ya van para cuarenta años y tienen un poder adquisitivo que ejercer.

Sabemos también que representan contundentemente la ruptura de los paradigmas de la productividad lineal y piramidal, del consumo ciego y desmedido (“tengo, luego existo”), y del “deber ser, para luego ser”.

Sin embargo, los Millennials son duramente criticados por las anteriores generaciones a causa de la inestabilidad profesada como principal fundamento para comprender su statu quo.

Tenemos claro que también cuentan con retos nada fáciles de sobrellevar como la caída global del poder adquisitivo en los últimos lustros, el colapso de un sinfín de modelos tradicionalistas y de roles definidos, tanto en los campos laborales como familiares, sociales y afectivos, y bueno, vaya que habría mucho que enlistarse como etcétera al respecto de los cambios en las estructuras que hasta hace poco tiempo se tomaban como inamovibles.

La realidad es que la conjunción Millennial es un fenómeno global que representa el 40% de la población del planeta tierra. Cabe mencionar que nunca antes un segmento generacional había dominado tanto en número. En pocas palabras, en diez años el rumbo de nuestro mundo estará en manos de tal contingente.

El 40% de la población del planeta está dentro de este rango generacional. Ahora son ellos los que determinan los esquemas de consumo.

El 40% de la población del planeta está dentro de este rango generacional. Ahora son ellos los que determinan los esquemas de consumo.

Ahora bien, y entrando en tema, en cuanto a la tendencia inmediatamente futura del comportamiento del mercado inmobiliario en respuesta al fenómeno Millennial, se sabe que también se aproxima una revolución debido a las siguientes atenuantes:

  • Los Millennials ya no ahorran, a razón de su “existencialidad”, y porque su poder adquisitivo es el peor en la historia de la economía estructurada y monetizada.

  • A los Millennials ya no les interesa comprar casa. Su pensamiento ya no es patrimonialista —como el de sus padres o sus abuelos-, porque no está en sus planes atarse a una deuda de dos décadas que les impida salir a conocer el mundo.

  • El Millennial está solamente condicionado a rentar alojamiento -a causa de los dos puntos anteriores-, e incluso se sabe que está dispuesto a pagar hasta el 65% de su ingreso con tal de vivir en un lugar que le inspire calidad de vida y cercanía con sus máximos intereses.

El fenómeno Millennial es global y multicultural

El fenómeno Millennial es global y multicultural

Por todo lo ya descrito, vale la pena pensar qué oportunidades nacen para hacer la arquitectura que geniunamente resuelva las necesidades de este avasallador segmento.

Alberto Sánchez López / Arquitecto & Partner STVX

El secreto de la especialización

Conversando abiertamente con mis alumnos de penúltimo año de arquitectura, me entero que uno de sus más grandes temores al egresar es el de no encontrar un trabajo que de inicio cumpla con dos premisas básicas: estabilidad y sana remuneración, o bien -y en el caso de no lograr solventar dichos beneficios como empleados- pasar a un temor aún mayor que es saltar al vació y comenzar la aventura del freelancer.

003_para blog.jpg

Sobre esta segunda opción y a razón de sus charlas con otros colegas que ya ejercen el oficio, los chicos intuyen que la única manera de mantener a flote una oficina de arquitectura es haciendo de todo: proyecto, construcción, valuación, peritaje, maquetas y hasta impresiones de planos.

¿Y sabe qué'?, a lo largo de mi trayectoria de casi veinte años trabajando en esto me he dado cuenta de que no hay trampa más peligrosa que el pensar que al promocionándose como “todólogo” se habrá eventualmente de acaparar mucho trabajo. Es más, me atrevo a decir que no hay nada más lejano de la realidad que esa creencia.

Si revisamos otras profesiones similares a la nuestra por antigüedad y sentido humano como la medicina, difícilmente habremos de sentirnos seguros en manos de un doctor que se anuncie como “médico general, cirujano partero, cardiólogo, psiquiatra, ginecólogo, pediatra, gastroenterólogo, y lector de tarót”.

Ahora bien, si usted hace en este momento el ejercicio de buscar páginas web de arquitectos en México, incluso en diversas ciudades de escalas diferentes, encontrará que la gran mayoría cae en tal telaraña. Verá que, de manera inocentemente soberbia, las plataformas web de muchos profesionales del campo exhiben largos listados de las actividades y rubros que orgullosamente (creen que) dominan.

002_para blog.jpg

Intentando cambiar la percepción de mis estudiantes, les platico que la forma más eficaz de acaparar un segmento importante de clientes es especializándose en algo, y buscando ser el más preparado en el tema.

Apenas me escuchan aclararlo, dejándoles como ejemplo el trabajo que hacemos en STVX

-donde solamente diseñamos, delegando la construcción, la administración de obra y la gestión y tramites a otros colegas que lo saben hacer mejor que nosotros, y por tanto conformando equipos con ellos-,

las sonrisas vuelven a sus rostros.

Los tiempos de los genios solitarios, les transmito a estas jóvenes promesas, han quedado ya muy atrás.

Alberto Sánchez López / Arquitecto & Partner STVX